Tengo fé y te rezo besos, en mis brazos crecen hojas y tengo sed de sudor nuestro.
Tengo fé y te rezo besos, en mis brazos crecen hojas y tengo sed de sudor nuestro.
Te extraño para crudear empiernadas un domingo.
Delito robarte el sueño en mis noches de desvelo, es cerrar mis manos y con tus besos abrir el cielo, es darte un pedacito de mis sueños.
Y tal vez será la última vez, o quizá sea la primera vez en que te mire a los ojos y no sepa que hacer.
Delito que estés en mi mente y no estés presente.
Ya es demasiado este castigo, quererte así es mi delito.
Delito mi amor, delito tus ojos delito es mirar y amar tus ojos.
Condena es imaginarte y no mirarte condena es estar distante y por siempre amarte…
Hice una lista de los lugares donde ya no estabas, para que finalmente partieras.
Terminé la lista. Ya no me causabas encadenamiento absurdo o una oración de trompetas a punto de estallar. Me había acostumbrado a olvidarte todos los días, no había sido fácil, por supuesto, el tormento parecía no tener fin cuando decidí apartarte de mí, que era más que un saco de huesos, de vanidades, de miserias, de piel, de un pecho, de un alma con un par de alas descosidas, y sin embargo lo había logrado no sé de qué manera. Ahora no estabas en ninguna parte de la casa, y la casa también era yo.
Ya no te quería, y así terminaba la historia.
Soy capaz de escribir la historia más grande de amor frustrado que haya existido nunca,
mas sería vender mi alma al diablo y querer pintar el cielo de otro color.
Podría describir el sueño de tu piel encarnada a mis manos y acabarme el papel en frases que no pronuncié, mas sería serme infiel y tener que reventar cada una de mis venas.
Pero te apuesto a ti, y me hago un nudo en el cuerpo, en cada parte, y me obligo a buscarte
en cada cama hasta enloquecer con la mejor imitación de ti.
Te prometo lluvia para lavar nuestros pecados y de vez en cuando nuestras ropas.
Te prometo peleas con fundamentos y reconciliaciones sin motivo.
Te prometo risas para adornar tu cara, y lágrimas para curar tu alma.
Te prometo no llamarte cuando necesites soledad, y un helado de vainilla para hacerte regresar.
Te prometo ausencia cuando quieras tiempo, y un reloj de manecillas para aprender a volar.
Te prometo mi amistad y mi cordura, mi ternura y mi locura.
Te prometo besos en un sillón marrón.
Te prometo un paracaidas con lugar para dos.
Te prometo una casita muy cerquita de algún mar.
Te prometo esperarte despierta y el amor hecho para cenar.
Y si llegaras a querer algo más; algo que te dure para siempre, te prometo mi vejez enamorada de la tuya.